El Maresme deja atrás su papel tradicional como destino de segunda residencia y se consolida como una opción principal para vivir todo el año, impulsado por su calidad de vida. Actualmente, cerca del 70% de la demanda es extranjera, con compradores europeos y norteamericanos atraídos por precios más competitivos. La comarca refuerza así su posición como destino residencial y gana terreno frente a la Costa Brava gracias a una menor estacionalidad.
Se ha consolidado como uno de los destinos más atractivos para el comprador internacional de alto poder adquisitivo, según el Global Property Handbook de Barnes.
Su combinación única de mar y montaña, junto con la proximidad a Barcelona, está ampliando el mapa del lujo en Cataluña más allá de los enclaves tradicionales. Elementos como los viñedos, los acantilados y los pueblos costeros refuerzan aún más su atractivo. Tras la pandemia, la demanda ha experimentado un cambio significativo: el Maresme ha pasado de ser un “plan B” a convertirse en un auténtico “plan A” para quienes buscan un entorno discreto, tranquilo y con una elevada calidad de vida durante todo el año.







